Declaración ecuménica frente al ALCA
Integración y solidaridad entre los pueblos de las Américas
A los firmantes de esta declaración ecuménica nos une y moviliza el
compromiso ético de promover la Justicia, la Paz en el respeto a los
Derechos Humanos. Nos pronunciamos desde la afirmación de la
Reciprocidad, la Solidaridad de los Pueblos y la Integridad de la
Creación.
El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) es una propuesta de
liberalización comercial que afecta a 800 millones de personas en
todo el continente. El proceso de negociación comenzó en 1994 y se
encuentra actualmente en etapas cruciales. Por un lado se promueven
nuevas estrategias, presentadas como comerciales, pero que en
realidad van más allá del terreno económico. Por otro lado
organizaciones sociales y movimientos ciudadanos plantean una visión
alternativa a esta iniciativa.
En el debate sobre el ALCA aparecen entonces problemas propios de la
economía, como las reglas del comercio internacional, pero también
otros que hacen a la condición humana y las posibilidades de lograr
una buena calidad de vida.
Ante estas negociaciones deseamos presentar nuestra visión
ecuménica, Latinoamericana y comprometida con el derecho a la vida y
a la defensa de las condiciones materiales que la mantienen y
reproducen. Nos hemos inspirado en documentos, cartas y
declaraciones de iglesias, comunidades, congregaciones,
organizaciones cristianas y distintos centros de estudio que
muestran diversos matices pero que concluyen en una perspectiva
común.
Partimos del convencimiento de que el Dios de la Vida interpela a
las comunidades cristianas ante propuestas como las del ALCA, donde
se va mucho más allá del terreno económico. Consideramos que la
convivencia humana no puede ser reducida a simples mercancías de
intercambio de bienes. La dignidad humana implica que sea
inseparable la posibilidad de sobrevivir y de participar en el bien
común de la humanidad.
Se ponen en juego espacios sociales, económicos y políticos
planteados desde una asimetría de poder que produce consecuencias de
exclusión que atentan contra un futuro de reciprocidad, fraternidad
y justicia entre los pueblos.
1 - Transparencia y democracia
El proyecto del ALCA atenta directamente a los procesos de
democracia de nuestros pueblos, dado que el acceso indiscriminado
del capital internacional a nuestros territorios solo es posible
deteriorando las democracias, quitando poder de decisión a los
ciudadanos y mercantilizando las sociedades.
El proceso de negociación ha abusado de la confidencialidad, usando
repetidas veces prácticas inaceptables de secretismo. Esa limitación
se ha dado tanto dentro de las negociaciones del ALCA como dentro de
los gobiernos, donde nuestros representantes no han realizado, en la
mayoría de los casos, las necesarias consultas con sus parlamentos y
la ciudadanía correspondiente. Debe abrirse necesariamente a la
ciudadanía la posibilidad de opinar, participar y tomar la decisión
en una materia tan grave. Asimismo, debe existir transparencia
también entre los países, y deben ser conocidas las posiciones
negociadoras de cada una de las naciones.
2 - Desarrollo y mercado
La propuesta original del ALCA apunta a ampliar el mercado a nuevas
esferas que antes estaban bajo regulación social. Diversos procesos
y elementos se convierten en mercancías y pasan a estar regulados
por estas reglas comerciales. Esta tendencia se observa con las
regulaciones previstas para bienes y servicios, inversiones y
políticas de competencia. El ALCA en su propuesta actual implica una
seria limitación a las regulaciones sociales y en la reducción de
bienes que no son posibles de ser transformados en mercancías sino
es a costa de la vida de las poblaciones y el ambiente.
La visión implícita de desarrollo en la propuesta del ALCA no se
encuentra en la calidad de vida, ni en una economía al servicio de
las personas. Por el contrario, dicha propuesta hace que los
derechos de las personas y la ciudadanía en su conjunto queden
supeditadas a los fines económicos y al mercado. Observamos en esto
una de las más profundas contradicciones con la visión de las
iglesias sobre la vida y la meta de dignidad humana y erradicación
de la pobreza como fines esenciales del desarrollo.
La propuesta del ALCA actual es análoga al acuerdo de libre comercio
de América del Norte, que según los Obispos Católicos de Canadá,
entre otros, hacen más ricos a los ricos a costa de hacer a los
pobres más pobres y más incapaces de competir y de comerciar, para
producir más desigualdad entre y dentro de los países y una mayor
concentración de la riqueza.
3 - Libre comercio
La propuesta del ALCA una y otra vez hace referencia al "libre"
comercio, lo que en muchos casos dificulta cualquier discusión ya
que pocos pueden estar en contra de transacciones "libres". Sin
embargo la propuesta del ALCA en realidad presenta un comercio muy
regulado en algunos sectores. En el caso del comercio agrícola se
mantiene el proteccionismo de Estados Unidos distorsionando todo el
comercio global con enormes impactos negativos en las comunidades
campesinas e indígenas de América Latina y el Caribe.
Estamos ante una nueva forma de colonialismo que implica un nuevo
tipo de control, donde la posesión de un territorio ya no es
indispensable, sino que se condicionan y manejan los procesos
productivos. El énfasis está en regular de una nueva manera los
procesos productivos y las relaciones económicas, que debajo del
discurso del libre comercio actúa con un proteccionismo como una
forma de planificación no centrada en los Estados sino en el capital
trasnacional que los administra.
Este nuevo marco de regulación está basado en el libre flujo de
capitales, que en su 95% son estadounidenses. Las normas sociales,
laborales o ambientales no podrán interferir con ese flujo de
capitales: o sea, la renuncia de los pueblos latinoamericanos a sus
derechos -derecho social, derecho laboral, derecho ambiental, etc..-
. Las personas y las comunidades quedan supeditadas al capital, pero
ahora de una manera legalizada.
4 - Asimetría y Soberanía
El ALCA presenta serias limitaciones a la soberanía de los pueblos y
una enorme asimetría. En especial el régimen de inversiones y trato
nacional termina por poner en un pie de igualdad a los Estado-nación
con las empresas. El actual borrador establece que las empresas
pueden reclamar y demandar a Estados, un extremo que no es posible
ni para organizaciones sociales, ni para individuos. La jurisdicción
de los juzgados nacionales queda relegada, así como las
posibilidades de los parlamentos para regular emprendimientos
productivos. Bajo este nuevo acuerdo comercial se afecta la
soberanía en un sentido profundo, como también la capacidad de los
pueblos para decidir su propio desarrollo en forma autónoma en
reciprocidad con otros pueblos.
Son altamente preocupantes otros procesos de relaciones comerciales
en América Latina que tienen distintos nombres e intervienen
distintos países. Entre esos proyectos, los acuerdos bilaterales con
Estados Unidos (por ejemplo con Chile), los acuerdos de grupos de
países (tratado de libre comercio de Centro América con Estados
Unidos), planes regionales (Plan Puebla Panamá de México, o Área de
Libre Comercio de Sud América de Brasil).
5 - Justicia social y ambiental
En la propuesta del ALCA no existe espacio para la justicia social.
Se la excluye explícitamente, ya que el acuerdo sólo se refiere al
comercio hemisférico y es ciego a sus consecuencias sociales.
Simplemente no le interesa el derecho de las personas y los pueblos.
De la misma manera en el ALCA tampoco hay lugar para la justicia
ambiental. Para nosotros, creyentes, este extremo debe ser
rechazado, ya que nuestras prácticas deben ser confrontadas con el
compromiso con las personas y los pueblos.
El ALCA no asegura la efectividad de la protección de la calidad de
vida y de la calidad ambiental. Tampoco se incluyen elementos
específicos de lucha contra la marginación y la pobreza. Cualquiera
de esos componentes está mediado a los fines económicos; las normas
de inversión determinan que se puede exigir la anulación de medidas
sociales o ambientales cuando interfieren con la libre inversión.
En el mismo sentido el ALCA separa o margina de la dinámica de los
pueblos la ética de compromiso con la vida y con la convivencia
entre todos. La visión economicista de la propuesta apuesta solo a
la competencia, donde se tolera la destrucción del más débil por el
más fuerte, y se suplanta lo diverso por lo homogéneo,
profundizándose las condiciones de la deuda externa. Nosotras y
nosotros como personas y comunidades religiosas nos sentimos
llamados a buscar alternativas apoyados en la máxima de "ama a tu
prójimo como a ti mismo", donde se privilegie al más débil y se
proteja la diversidad.
6 - Integración y alternativas
Nosotros y nosotras, como creyentes, estamos a favor de la
integración entre las naciones y los pueblos. Consideramos que ese
paso es importante e indispensable para asegurar nuestro desarrollo.
Esa integración no es sólo económica sino que es esencialmente
política y cultural. Sin embargo precisamente el ALCA en su
estructura actual impide esa integración, ya que no contiene
previsiones migratorias ni cláusulas sociales, y tampoco establece
mecanismos para las articulaciones y complementaridades productivas.
Los acuerdos de "libre" comercio de este tipo tienen por efecto
impedir la integración y terminan provocando anexión y sumisión.
No se trata solo de un rechazo al tratado de libre comercio sino a
cualquier forma de pacto que excluya la participación de nuestros
pueblos y la protección social, la autodeterminación y la protección
de nuestros suelos, bienes y personas.
Los pueblos asentados en los territorios de América Latina y el
Caribe están cada día buscando afirmarse en un proceso de
integración que asuma la diversidad y diferencias en una perspectiva
de igualdad que permita un desarrollo sustentable para todas las
personas que habitan este continente de esperanza, por eso decimos
No al ALCA.
7 - Mirando hacia el futuro
Necesitamos recorrer un proceso que asuma las distintas dimensiones
de los procesos de integración regional, para que exista un comercio
con justicia para las Américas. Por lo tanto el comercio se debe
enfocar en promover un desarrollo que sea sostenible, permita
erradicar la pobreza, elevar la justicia social y proteger el
ambiente. El compromiso con la vida debe primar sobre los intereses
mercantiles.
El comercio debe ser verdaderamente «libre», es decir, un comercio
humano donde todos puedan participar y ningún pueblo y nación
imponga su propuesta a los demás. Será necesario establecer reglas
de comercio justo y equitativo, que estén en función de los
intereses de los pueblos. Para promover esos cambios debemos
transitar nuevos caminos en la integración latinoamericana, basados
en la democracia, la igualdad, la solidaridad, la espiritualidad de
los pueblos y el respeto al medio ambiente y a los derechos humanos.
Las iglesias, movimientos cristianos, organizaciones ecuménicas y
las comunidades de otras grandes religiones, presentes en nuestro
continente nos afirmamos en la esperanza de la colaboración entre
culturas, pueblos, y personas en la búsqueda de un presente y futuro
menos injusto y más humano.
Es necesario apoyar la máxima que no es posible "globalizar la vida
plena" sin "globalizar la solidaridad". Desde la fe y el caminar de
las comunidades se aspira a una vida abundante para la humanidad en
la acción de Dios en nuestra historia. La conciencia social de los
creyentes latinoamericanos ha logrado avanzar, encontrando acuerdos
alrededor de la defensa de la vida y del ambiente, que nos lleva a
compartir esta declaración con todos los hombres y mujeres de buena
voluntad de la Patria Grande. Esperamos con esta declaración
promover un futuro digno que prepare "el camino para que el Reino de
Dios se asiente en medio de nuestros pueblos".
El apoyo a la declaración
La declaración ecuménica sobre la integración y la solidaridad en las Américas ha recibido, entre otras, las adhesiones de:
– D. Luiz Demetrio Valentin Bispo Diocesano de Jales Presidente de Caritas Brasileira, Membro de Comissao das Pastorais Sociais da CNBB (Brasil)
– Julio Cesar Bonino, Obispo de Tacuarembo (Uruguay);
– Marcelo Mendiharat Obispo emérito de Salto (Uruguay).
– Pedro Casaldaliga, obispo de São Félix do Araguaia (Brasil);
– Samuel Ruiz Garcia, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas (México) y presidente del SICSAL;
– Amerindia (República Dominicana),
– CLAR - Confederación Latinoamericana de Religiosos (Colombia)
– CECA - Centro Ecumenico de Evangelizacao, Capacitacao e Assesoria (Brasil),
– CIPFE Centro Franciscano y Ecológica (Uruguay)
– CLAI – Consejo Latinoamericano de Iglesias,
– CMMLK Centro Memorial Dr. Martín Luther King, Jr. La Habana (Cuba),
– CNAS - Paulo Sergio Vaillant, SJ - Coordenador Nacional do Apostolado da Companhia de Jesus (Jesuitas) do Brasil
– CONFRU - Conferencia de Religiosos del Uruguay,
– Comisión Justicia y Paz - Provincia "Cruz del Sur" - Hermanas Azules
– Cono Sur - Red de Centros Laicos (Argentina y sur de América Latina),
– Coordinador del Sector Social Jesuitas de América Latina, J. Julio Mejía M., S.J
– CREAS - Centro Regional Ecuménico de Asesoría y Servicio (América del Sur),
– Crimpo Uruguay (Comunidades Laicas y Religiosas insertadas en Medios populares),
– DEI - Departamento Ecuménico de Investigaciones (Costa Rica),
– Departamento de Laicos de la CEU (Uruguay),
– IEOR Iniciativa Ecuménica Oscar Romero (Uruguay),
– IEMU Iglesia Evangélica Metodista en el Uruguay,
– Institución Teresiana del Uruguay.
– Revista NUEVAMERICA,
– MFAL Multiversidad Franciscana América Latina,
– Sector Social de los Jesuitas de México - Rafael Moreno sj
– Servicios Koinonía (Panamá)