Lucha por la Reforma Agraria en Brasil

2004-09-22 00:00:00

MST Informa, Año IV - nº 73, viernes, 3 de septiembre de
2004

Queridas amigas y queridos amigos del MST,

En esta carta quincenal, una vez más, socializamos nuestras
reflexiones sobre la situación de la lucha por la Reforma
Agraria en Brasil.

Estamos aproximándonos a las elecciones municipales. Durante
cualquier período electoral las luchas sociales disminuyen
su intensidad de forma natural. En la ciudad, los
movimientos de trabajadores urbanos y el movimiento
estudiantil alternan momentos de movilización con períodos
de quietud. El medio rural refleja el cambio de ritmo de la
ciudad. Resultado: entramos en un período de mayor reflujo
de las luchas sociales.

¿Por qué esta situación se repite en cada período electoral?
Sucede porque la sociedad ve las elecciones como el
principal acontecimiento de la vida política. Las campañas
toman las calles y los programas electorales invaden la
televisión y la radio. Los gestores públicos, responsables
de resolver los problemas del pueblo, acaban como rehenes
del período. Entran en el clima de las elecciones, pero,
contrariamente a la agitación de las campañas, pisan el
freno, retrasando tomar decisiones y atender las demandas.

Mientras tanto, la situación de la lucha por la Reforma
Agraria nunca pierde su complejidad. Por un lado, seguimos
con casi 200 mil familias acampadas, de las cuales cerca del
70% tienen vínculos con el MST. Las demás están organizadas
por otros movimientos sociales y por los sindicatos de
trabajadores rurales. A pesar de la dimensión del problema,
el gobierno mantiene lento el ritmo en la adopción de
medidas concretas para asentar a esas familias. Datos del
MST indican que el gobierno consiguió asentar a menos de 6
mil familias acampadas durante este año. No asentar a los
acampados significa exigir un grado de sacrificio muy grande
a las familias y, por tanto, mantener un foco de tensión
social. La Reforma Agraria en Brasil todavía vive vestigios
de la falta de acción de la era FHC (ex-presidente Fernando
Henrique Cardoso). Tenemos familias que están acampadas
desde hace más de 5 años, pasando todo tipo de dificultades.
El gobierno no consigue ni siquiera distribuir con
regularidad las cestas básicas para esas familias. Cada
atraso genera hambre y motiva protestas, tal y como la
prensa ha mostrado desde diversos estados.

La clase dominante, aliada con los grandes hacendados y
latifundistas, continúa su propaganda sistemática de definir
el agro-negocio como la solución para buena parte de los
problemas del país. Las haciendas se modernizan, aumentan
sus exportaciones, producen dólares, pero no producen
comida, empleos ni renta para el pueblo brasileño. Tan sólo
una minoría de hacendados que se dedica al monocultivo, con
altos costes para el medio ambiente, está enriqueciéndose.

Es importante observar que el estudio sobre las
transformaciones tecnológicas promovido por la Fundación
SEADE (Fundación Sistema Estatal de Análisis de Datos del
estado de São Paulo) y por la Unicamp (Universidad de
Campinas), revelaron que la adopción de los métodos de
cultivo del agro-negocio en todo el país provocaría una
reducción del 70% del nivel de empleo entre la mano de obra
agrícola. O sea, el desarrollo del agro-negocio genera más
desempleo.

La llamada gran prensa brasileña representa fielmente los
intereses de la clase dominante y de los hacendados
exportadores, cumpliendo con el papel cotidiano de reprender
al MST y a la Reforma Agraria. Cualquier persona que
siguiese la realidad brasileña solamente por esos medios de
comunicación quedaría convencida de que en Brasil ya no
restan latifundios, ni pobres, ni desempleo ni hambre. ¡Y
quedaría convencida también de que el MST está compuesto por
una panda de dementes, bolcheviques fuera de su tiempo, que
merecen ser encerrados en prisión!

Todo eso no nos asusta. La clase dominante brasileña y sus
portavoces defenderán, siempre y en exclusiva, sus
privilegios atacando a los que luchan por justicia social.
Queremos tan sólo lo que nos pertenece: tierra, dignidad y
el derecho sagrado de trabajar todos los días.

El Gobierno reafirma sistemáticamente que tiene el
compromiso político de hacer la Reforma Agraria, pero en la
práctica, la ineficiencia de la máquina burocrática impide
que se lleve a cabo. Incluso en ese escenario de
inactividad, hay algo positivo: el gobierno anunció la
apertura de las oposiciones públicas para 4.500 nuevos
trabajadores para el INCRA (Instituto Nacional de
Colonización y Reforma Agraria), volviendo así al mismo
número de trabajadores que este instituto tenía en la década
de 1970. La aprobación de una partida presupuestaria para la
asistencia técnica en el campo también es positiva, aunque
las desapropiaciones de latifundios están paradas. Y, peor,
el gobierno todavía no afrontó la Reforma Agraria como parte
de un nuevo modelo de desarrollo agrícola. En el fondo, lo
que nos entristece es ver que se repiten las acciones de
gobiernos anteriores, cuando se priorizaba la adopción de
medidas de compensación social.

El MST ha criticado duramente la actual política económica
que favorece tan sólo a las multinacionales, exportaciones,
capital extranjero y a los bancos. Defendemos una política
económica centrada en la generación de trabajo y vemos la
Reforma Agraria como instrumento de distribución de renta,
fijación de las familias en el campo, producción de
alimentos, y democratización de la propiedad.

La política económica del modelo en curso toma la dirección
opuesta. Si no cambiamos la política económica, si no
debatimos un nuevo modelo, no habrá espacio para la Reforma
Agraria. Estarán sepultadas las esperanzas de fijación de
millones de familias en el medio rural y el rescate de la
ciudadanía.

Continuaremos luchando, cumpliendo la misión de organizar a
los pobres del campo para que luchen por sus derechos, por
el cambio de la política económica y por la Reforma Agraria.
Esperamos que, pasado el período de las elecciones
municipales, el gobierno tenga el coraje de retomar el
debate sobre el modelo económico y que trille el camino de
construcción de un proyecto popular para Brasil. Por nuestra
parte, afirmamos que continuaremos firmes en el camino de
las luchas sociales, porque nadie merece ni aguanta vivir
bajo un plástico negro mucho tiempo, ilusionado sólo por
promesas que no llenan la barriga. Los trabajadores y
trabajadoras rurales necesitan acciones concretas y urgentes
por parte de los gobernantes. Y ya.

¡Un fuerte abrazo a todos y todas!

Secretaría Nacional del MST