Tierra encharcada de sangre

2003-07-29 00:00:00

MST Informa Año II- Nº 44 viernes, 25 de julio de 2003

El 25 de julio conmemoramos el Día del Agricultor. Todos comemos
lo que él planta. Pero no siempre lo retribuimos con un buen
plato de sopa de letras, como lo hicieron John Steinbeck, en
"Las uvas de la ira"; Juan Rulfo, en "El llano en llamas"; José
Lins do Regio, en "Fuego Muerto"; Graciliano Ramos, en "Vidas
Secas", Dionísio Da Silva, en "Los guerreros del Campo". La vida
brota de dos surcos: la del azadón y la de las artes, bienes
materiales y simbólicos. La primera da sustento; la segunda,
sentido.

El Brasil es gordo de tierras. Son 360 millones de hectáreas
cultivables. Agudo, Pero Vaz de Camina (uno de los
descubridores del Brasil) señaló que, aquí, "todo lo que se
planta crece". Muchos todavía no entienden el recado.
Prefieren el "si se cerca, nadie entra".

Hay mucha tierra en este país para poca gente. Basta decir que
el 44% pertenece a solamente el 1% de los propietarios rurales.
Y hay mucha gente sin tierra. Son cerca de 15 millones de
personas deambulando por carreteras y campamentos, insistiendo
en soñar que entre tanta tierra ociosa, ha de haber algún pedazo
de suelo que los redima de la indigencia y del riesgo de
favelización en la ciudad.

Este país nunca conoció una reforma agraria. Vacilante, se
apoya en un capitalismo arcaico, distante de la modernidad. Y
desde los miradores de las islas de opulencia, el latifundio
contempla la multitud de los excluidos.

No se puede abusar mucho de la paciencia de los pobres, enfatiza
la doctrina social de la Iglesia. Aquí, cansados de esperar,
ellos se organizan en el MST. Por su trabajo educativo (cerca
de 100 mil niños y jóvenes), el movimiento ya recibió el premio
UNICEF-Itaú. Por su acción a favor de la reforma agraria,
recibieron el Premio Rey Balduino, ( la más alta distinción de
Bélgica). Por mantener más de 2.500 asentamientos, además de
una red de cooperativas, ganó también el Nobel alternativo, el
"The Right Livelihood Award".

En la esclavitud, que oficialmente ensangrentó 350 años de la
historia del Brasil, se decía que los negros eran rebeldes. A
la elite le costó entender, como Nabuco, que el problema no
estaba en el negro, sino en el látigo y en la picota. Con las
Ligas Campesinas, se satanizó a Francisco Julião. Cuarenta años
después, el Nordeste está más seco de agua y de justicia, y una
especie infrahumana brotando a la sombra del mandacaru : el
flagelado.

Bajo el régimen militar, todos los que nos resistimos fuimos
tratados como "terroristas". Hoy, la historia reconoce a los
verdaderos villanos, aquellos que dieron el golpe de Estado,
suprimieron el orden democrático e instauraron la tortura y la
desaparición de prisioneros, como lo hiciera Vargas en los años
30.

Hoy, es el MST el blanco de quien no soporta el clamor de los
pobres y se calla delante de una estructura agraria injusta.
¿Dónde anda la justicia frente a los 21 sin tierra que cayeron
bajo las balas asesinas en El Dorado dos Carajás? La impunidad
abrirá las puertas a la criminalidad.

El 25 de julio será día de tantas muertes anunciada, mientras no
haya una Reforma Agraria y Justicia que no pise el derecho de
los pobres. Brasil no merece ser una tierra encharcada de
sangre.

* Frei Betto es escritor, autor del romance "Entre todos os
homens" (Ática), además de otros libros.