Brasil:

Logros y retos de afectados por represas

2000-09-15 00:00:00

En Brasil actualmente se construyen 50 grandes hidroeléctricas que afectan a unas 50.000 familias. Sin embargo, el Estado ha planificado la ejecución de 494 hidroeléctricas más hasta el año 2015, lo que implicaría la expulsión de más de 250.000 familias, es decir más de un millón de personas. En la siguiente entrevista, Sadi Barón, miembro de la Coordinación Ejecutiva Nacional del Movimento dos Atingidos por Barragens (Movimiento de afectados por las represas), MAB, nos habla del problema de la represas así como de la trayectoria de la organización

¿Que es el MAB?

El MAB es un movimiento que representa a los afectados por las construcciones hidroeléctricas en Brasil que surgió en 1989 a nivel nacional.

¿Por qué se oponen a la construcción de las represas?

El gobierno está invirtiendo en grandes represas que son altamente destructivas en el sector social y en la cuestión ambiental. Estas construcciones vienen junto con el proyecto neoliberal, que es una forma más de expulsar a los campesinos, a los trabajadores del campo y también a los indígenas. Por eso, demandamos del gobierno una política energética más sustentable, que desarrolle la investigación de nuevas formas de energía solar y eólica, que son muy factibles en el nor-este.

¿Cuáles son los efectos sobre las poblaciones del campo?

Lo que más se afecta es la estructura de las familias que tienen que ser relocalizadas. El gobierno no está indemnizando mínimamente a las poblaciones, y hoy los campesinos son desalojados de sus propiedades y automáticamente van a las ciudades.

En Brasil tenemos una cifra de un 20% de población desempleada. La construcción de las grandes hidroeléctricas ayuda al proceso de exclusión y a aumentar la población que ya está desempleada y automáticamente marginada, provocando prostitución, violencia, falta de infraestructura en las ciudades.

En el campo, los efectos sobre los indígenas es más serio porque con ellos no es posible hacer la relocalización, porque tienen una vida en armonía con su medio ambiente, con los ríos, con las plantas, con los animales, y automáticamente toda construcción afecta a su proceso organizativo y acaba haciendo que esta población se extermine, o pierda sus valores y su cultura.

Cómo movimiento, ¿qué logros han conseguido en estos años?

Nosotros conseguimos parar la construcción de las hidroeléctricas, principalmente en la Amazonía y otras regiones. Y cuando fueron implementadas las obras, logramos que el gobierno les dé una indemnización justa a los campesinos y les otorgue nuevas áreas de tierra con viviendas y condiciones de producir y trabajar.

También conseguimos que el gobierno comience a reflexionar sobre las nuevas construcciones, porque desde la década del 80 para acá ha disminuido la construcción de las grandes hidroeléctricas. A nivel mundial hay una imagen muy negativa de esas construcciones, primero porque son altamente destructivas a nivel ambiental, y segundo porque la gestión social con las poblaciones afectadas estaba muy complicada pues los gobiernos no indemnizaban, no relocalizaban ni respetaban los derechos básicos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que prevé que todas las personas tienen derecho a una casa, a una vivienda, a un trabajo. Esto es un factor muy importante, que a nivel mundial se esté repensando la construcción de las grandes represas.

¿Como ves la política del Banco Mundial en relación a las represas?

En la década del 80, el Banco Mundial (BM) que financia y tiene grandes intereses en estas obras, no conseguía más respaldo internacional para hacer los financiamientos. A partir de allí, el propio BM y las empresas transnacionales intentan colocar nuevamente en discusión el problema, y están haciendo una campaña muy grande para empezar la construcción de las grandes hidroeléctricas. En el norte de Brasil, por ejemplo, se proyecta construir una represa que afectará a 25 poblaciones indígenas e inundará casi 500.000 hectáreas de tierra. Este es un proyecto, financiado y apoyado por el BM, que afectará no solo la población de esa región, sino también la población mundial, porque la Amazonía es una región importante para el medio ambiente del planeta.

El Banco Mundial ha formado una comisión para estudiar el problema de las represas, ¿qué opinas del trabajo de esta comisión?

A mediados de 1997, el BM llamó a un encuentro en Washington, donde, al principio, hizo una propuesta de hacer una evaluación de las grandes construcciones en todo el mundo. Nosotros estuvimos participando en esa primera reunión, mas percibimos que la convocatoria del BM tenía el interés de legitimar, con los criterios de la sociedad civil, las grandes construcciones. Esta comisión tiene el propósito de viabilizar la construcción de las grandes represas. Por eso, mandamos una carta al presidente de la comisión donde dejamos claro nuestra posición de defender los derechos de los afectados por las represas y de no participar en ella.

Con qué sectores y con que países están desarrollando la oposición a las represas...

En 1997, hicimos el primer encuentro internacional en Curitiva, Paraná, sur de Brasil, con la participación de más de 20 países de todos los continentes. Ahora tenemos contactos con gente de Uruguay, Paraguay, y también de la India, que tiene un movimiento muy fuerte de defensa de la población afectada y desalojada por las grandes construcciones. La previsión nuestra es hacer, en 1999, el segundo encuentro internacional de los afectados por la hidroeléctricas en La India, donde estaremos haciendo una evaluación del cuadro mundial de las grandes construcciones.

Ante la política global del Banco Mundial, Uds. tienen el reto de hacer una política como movimientos social también a nivel global...

Es imprescindible la interrelación con los demás movimientos sociales de América Latina y del todo el mundo, porque hoy las grandes transnacionales están trabajando en todo el mundo. Es necesario fortalecer nuestra organización a nivel de América Latina y a nivel mundial. Por eso participamos en la CLOC, y precisamos juntar fuerzas con otros movimientos para impedir la implementación del proyecto neoliberal.