Brasil: Carta de la Asamblea de los Luchadores del pueblo

2000-09-12 00:00:00

Después de más de 1600 kilómetros recorridos en caminata, 1100 luchadores y
luchadoras del pueblo, oriundos de 23 estados, ligados a diferentes movimientos
sociales, llegaron a Brasilia. En el trayecto, en escuelas, iglesias y asociaciones de
todo tipo, presentaron ponencias para más de 200 mil personas. Fueron vistos por
muchas más. Su caminata disciplinada por caminos y ciudades sustituyó la pedagogía
del discurso por la pedagogía del ejemplo, mucho más sincera y eficaz. La imagen de
la lucha se hacía nítida, directa y clara. Fue la Marcha Popular por el Brasil.

El apoyo del pueblo a los caminantes fue extraordinario: dejamos Río de Janeiro el
26 de julio con provisiones para una semana y de ahí para adelante, hasta el 7 de
octubre, la sociedad nos sustentó. Realizamos trabajo voluntario. Aprendimos a
tener más perseverancia. Nos conocimos mejor. A la llegada, se sumaron millares de
compañeros. Entramos juntos en la capital del país, en manifestación emocionante,
que jamás olvidaremos. Permanecimos en asamblea durante tres días, debatiendo un
nuevo proyecto para el Brasil. Somos de la Consulta Popular.

Vimos, en todo el trayecto, que el pueblo no acepta permanecer sometido a las
políticas actuales. La obra de desconstrucción de la Nación está expuesta, sin velos,
a los ojos de todos. Todos perciben que el Brasil no cuenta con un gobierno que,
internamente, ayude a la sociedad a organizarse para aumentar el bienestar colectivo
y, externamente, represente los intereses del país en el sistema internacional. El
gobierno se convirtió en un agente promotor de la crisis y de la desigualdad, en la
medida en que escogió representar, dentro del Brasil, los intereses de los países y
grupos económicos dominantes en el sistema internacional.

Rotos los lazos entre gobierno y sociedad, el Brasil fue lanzado en una crisis sin
precedentes. El sector productivo paga el precio de una prolongada estagnación; la
economía nunca fue tan vulnerable a las presiones del exterior; la conducción de la
política económica fue entregada a una institución extranjera, el FMI; rehén del
capital financiero, el Estado perdió la capacidad de realizar inversiones y proveer
servicios públicos esenciales; el pacto federativo fue roto; el desempleo alcanzó
niveles inconcebibles; la agricultura familiar está marginada; salud, educación e
instituciones de investigación han colapsado; la desesperación y la violencia se
diseminan.

Brasil vive una crisis que cuestiona a su destino. Si el camino actual no fuere
alterado a tiempo, el país será llevado a ceder su moneda y su espacio económico,
insertándose en una zona del dólar plenamente constituida, consolidada por la
formación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Dejarán de existir
las pocas empresas estratégicas de base nacional que todavía quedan, como
Petrobras y el Banco del Brasil. Volveremos a la condición de la colonia.

La experiencia de los últimos veinte años muestra que simples alteraciones en la
política económica no son suficientes para revertir ese cuadro. Pasados cortos
períodos de falsa esperanza, la crisis estructural del país -la crisis de identidad, de
valores, de confianza en sí mismo, de capacidad- se recompone y agrava, moldeando
en el tiempo una trayectoria de degradación. Eso ocurre porque el sistema de poder
nunca fue alterado, impidiendo así que se alterase la organización socioeconómica
de la Nación, en beneficio de la mayoría.

Gran parte de la oposición desistió de enfrentar ese debate y proponer una
alternativa programática radical que vaya a las raíces de la crisis. Otra parte pretende
ser radical a partir de posiciones doctrinarias. No nos identificamos con esas dos
posiciones. Estamos construyendo una alternativa radical en profunda ligazón con el
pueblo, respetando sus ritmos y su cultura, compartiendo su forma de vida; en una
palabra, siendo parte de ella. La Marcha y la Asamblea fueron episodios de esa
caminata mayor, dirigida a construir y consolidar el Proyecto Popular para el Brasil.

En el primer día de nuestra Asamblea, detallamos los cinco compromisos que fueron
el punto de partida de este proyecto.

1.- El compromiso con la soberanía, que es la conquista, por el pueblo brasileño, de
la capacidad de definir con autonomía sus propios objetivos, así como los
caminos que desea recorrer para alcanzarlos;

2.- El compromiso con la solidaridad, que exige la movilización de todos los
recursos y de toda la capacidad productiva, técnica y cultural del Brasil para
eliminar la miseria, la pobreza y la incultura, garantizando a todos un espacio
común de dignidad e igualdad.

3.- El compromiso con el desarrollo, o sea, con el uso pleno de nuestras tierras,
recursos, instalaciones productivas y capacidad de trabajo, en una acción
colectiva que nos saque de la condición de país periférico y dependiente.

4.- El compromiso con la sustentabilidad, que trae al centro de las preocupaciones la
protección del ser humano y la naturaleza que nos rodea;

5.- El compromiso con la democracia popular, cuya construcción pasa por una
profunda reforma de las instituciones de poder, así como de los medios de
comunicación de masas, para colocarlos bajo control del pueblo.

Las medidas fundamentales para alterar ese sistema de poder ocuparon el segundo
día de nuestra Asamblea. Detentan el poder aquellos grupos que comandan recursos
e instituciones decisivas en la organización de la vida social, haciendo que la
sociedad funcione en forma subordinada a sus intereses. La causa principal de la
prolongada crisis brasileña es el control, por las élites dominantes, de esos
instrumentos de poder. Democratizarlos es el punto central de nuestro proyecto, que
tiene como punto de partida cinco puntos fundamentales:

1.- La democratización de la tierra, principal recurso natural del país:

2.- La democratización del suelo urbano, condición para un reordenamiento de la
vida en las ciudades, donde está la mayoría de nuestra población;

3.- La democratización del capital, instrumento que controla la asignación de
recursos y comanda la principal fuerza productiva de la sociedad, el trabajo.

4.- La democratización de la información, que determina la formación de opiniones
y valores, desempeñando así un papel central en la organización social y política;

5.- La democratización de la cultura, elemento decisivo para la reconstrucción de la
identidad y de la auto-estima de nuestro pueblo.

La Marcha Popular por el Brasil no terminó en Brasilia. Los 5 mil luchadores y
luchadoras del pueblo aquí reunidos, que representan otros millares, asumimos el
compromiso de regresar a nuestros estados como organizadores de la Consulta
Popular y multiplicadores del Proyecto Popular para el Brasil. Regresamos
confiados. Estamos construyendo una organización de nuevo tipo, dirigida por la
lucha, y cuyas marcas son la unidad, la disciplina militante y la fidelidad al pueblo.
Una organización que practica los valores de solidaridad, gratuidad, honestidad y del
trabajo colectivo. Eso es condición para poder enfrentar la crisis histórica que vive
el país. Una crisis cuya superación exigirá luchas y sacrificios, que serán
recompensados con la construcción de una patria libre, justa y solidaria.

Brasilia, 10 de octubre de 1999