Conferencia
Mundial Contra el Racismo, la Discriminación Racial, la
Xenofobia y otras Formas Relacionadas de Intolerancia
Declaración
Final
Habiéndonos
reunido en Durban (Sudáfrica), del 31 de agosto al 8 de
septiembre de 2001,
Expresando
nuestro profundo agradecimiento al Gobierno de Sudáfrica
por actuar de anfitrión de esta Conferencia Mundial,
Alentados
por el ejemplo de la heroica lucha del pueblo de Sudáfrica
contra el sistema institucionalizado del apartheid y a favor
de la igualdad y la justicia en un clima de democracia, desarrollo,
imperio de la ley y respeto de los derechos humanos, recordando a
este respecto la importante contribución de la comunidad
internacional a esa lucha y, en particular, el papel central de los
pueblos y gobiernos de África, y tomando nota de la importante
función de diferentes agentes de la sociedad civil, incluidas
las organizaciones no gubernamentales, en esa lucha y en los
esfuerzos que se siguen desplegando por combatir el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia,
Recordando
que la Declaración y Programa de Acción de Viena,
aprobada por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en junio de
1993, exige la rápida y completa eliminación de todas
las formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y
formas conexas de intolerancia,
Recordando
la resolución 1997/74 de 18 de abril de 1997 de la Comisión
de Derechos Humanos, la resolución 52/111 de 12 de diciembre
de 1997 de la Asamblea General y las resoluciones posteriores de esos
órganos sobre la convocación de la Conferencia Mundial
contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y
las Formas Conexas de Intolerancia, y recordando asimismo las dos
Conferencias Mundiales para Combatir el Racismo y la Discriminación
Racial, celebradas en Ginebra en 1978 y 1983, respectivamente,
Observando
con grave preocupación que, pese a los esfuerzos de la
comunidad internacional, no se han alcanzado los principales
objetivos de los tres Decenios de Lucha contra el Racismo y la
Discriminación Racial, y que aún hoy un sinfín
de seres humanos siguen siendo víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia,
Recordando
que el año 2001 es el Año Internacional de la
Movilización contra el Racismo, la Discriminación
Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, año
que tiene por objeto señalar a la atención del mundo
los objetivos de la Conferencia Mundial y dar nuevo impulso al
compromiso político respecto de la eliminación de todas
las formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y
formas conexas de intolerancia,
Celebrando
la decisión de la Asamblea General de proclamar el año
2001 Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre
Civilizaciones, poniendo de relieve la tolerancia y el respeto por la
diversidad, así como la necesidad de encontrar elementos
comunes entre las civilizaciones y en el seno de las civilizaciones a
fin de hacer frente a los desafíos comunes de la humanidad que
amenazan los valores compartidos, los derechos humanos universales y
la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia mediante la
cooperación, la colaboración y la inclusión,
Celebrando
también la proclamación por la Asamblea General del
período 2001 2010 Decenio de una cultura de paz y no
violencia para los niños del mundo, así como la
aprobación por el Asamblea General de la Declaración y
Plan de Acción sobre una Cultura de Paz,
Reconociendo
que la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación
Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, junto con
el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del
Mundo, ofrece una oportunidad única de examinar las
inestimables contribuciones de los pueblos indígenas al
desarrollo político, económico, social, cultural y
espiritual de nuestras sociedades en todo el mundo, así como
los retos con que se enfrentan, en particular el racismo y la
discriminación racial,
Recordando
la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Concesión
de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, de
1960,
Reafirmando
nuestra determinación de defender los propósitos y
principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y en la
Declaración Universal de Derechos Humanos,
Afirmando
que el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia constituyen una negación de los
propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas,
Reafirmando
los principios de igualdad y no discriminación reconocidos en
la Declaración Universal de Derechos Humanos y alentando el
respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales de
todos sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión,
opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen
nacional o social, posición económica, nacimiento o
cualquier otra condición,
Convencidos
de la importancia fundamental de la adhesión universal a la
Convención Internacional sobre la Eliminación de todas
las Formas de Discriminación Racial, así como de su
ratificación universal y del pleno cumplimiento de nuestras
obligaciones que de ella dimanan como principal instrumento
internacional para eliminar el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia,
Reconociendo
la importancia fundamental de que los Estados, al combatir el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia, consideren la posibilidad de firmar o
ratificar todos los instrumentos internacionales de derechos humanos
pertinentes, o de adherirse a ellos, con miras a lograr la adhesión
universal,
Habiendo
tomado nota de los informes de las conferencias regionales
organizadas en Estrasburgo, Santiago, Dakar y Teherán y de
otras aportaciones de los Estados, así como de los informes de
los seminarios de expertos, las reuniones regionales de
organizaciones no gubernamentales y otras reuniones organizadas en
preparación de la Conferencia Mundial,
Tomando
nota con reconocimiento de la Declaración titulada "Visión
para el Siglo XXI", hecha por el Sr. Thabo Mbeki, Presidente de
Sudáfrica, suscrita por el Sr. Nelson Mandela, primer
Presidente de la nueva Sudáfrica, por iniciativa de la Alta
Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y
Secretaria General de la Conferencia Mundial, y firmada por 74 Jefes
de Estado, Jefes de Gobierno y dignatarios,
Reafirmando
que la diversidad cultural es un valioso elemento para el adelanto y
el bienestar de la humanidad en general, y que debe valorarse,
disfrutarse, aceptarse auténticamente y adoptarse como
característica permanente que enriquece nuestras sociedades,
Reconociendo
que la prohibición de la discriminación racial, el
genocidio, el crimen de apartheid y la esclavitud, según
se definen en las obligaciones que imponen los instrumentos de
derechos humanos pertinentes, no admite excepción,
Habiendo
escuchado a los pueblos del mundo y reconociendo sus aspiraciones
a la justicia, la igualdad de oportunidades para todos, el disfrute
de sus derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo, a vivir
en paz y libertad y a la participación en condiciones de
igualdad y sin discriminación en la vida económica,
social, cultural, civil y política,
Reconociendo
que la participación equitativa de todos los individuos y
pueblos en la formación de sociedades justas, equitativas,
democráticas y no excluyentes puede contribuir a un mundo
libre de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas
conexas de intolerancia,
Destacando
la importancia de la participación equitativa de todos, sin
discriminación alguna, en la adopción de decisiones a
nivel nacional y mundial,
Afirmando
que el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia, cuando equivalen a racismo y
discriminación racial, constituyen graves violaciones de todos
los derechos humanos y obstáculos al pleno disfrute de esos
derechos, niegan la verdad evidente de que todos los seres humanos
nacen libres e iguales en dignidad y en derechos, constituyen un
obstáculo a las relaciones pacíficas y de amistad entre
los pueblos y las naciones, y figuran entre las causas básicas
de muchos conflictos internos e internacionales, incluidos conflictos
armados, y el consiguiente desplazamiento forzado de poblaciones,
Reconociendo
que es preciso tomar medidas a nivel nacional e internacional para
combatir el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y
las formas conexas de intolerancia a fin de asegurar el pleno
disfrute de todos los derechos humanos, económicos, sociales,
culturales, civiles y políticos, que son universales,
indivisibles, interdependientes e interrelacionados, y para mejorar
las condiciones de vida de los hombres, las mujeres y los niños
de todas las naciones,
Reafirmando
la importancia de aumentar la cooperación internacional para
la promoción y protección de los derechos humanos y
para el logro de los objetivos de la lucha contra el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia,
Reconociendo
que la xenofobia, en sus diferentes manifestaciones, es una de las
principales fuentes y formas contemporáneas de discriminación
y conflicto, y que para combatirla los Estados y la comunidad
internacional tienen que prestarle urgente atención y adoptar
rápidamente medidas,
Plenamente
conscientes de que, pese a los esfuerzos realizados por la
comunidad internacional, los gobiernos y las autoridades locales, el
flagelo del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y
las formas conexas de intolerancia persiste y sigue siendo causa de
violaciones de los derechos humanos, sufrimientos, desventajas y
violencia, que deben combatirse por todos los medios disponibles y
apropiados como cuestión de la máxima prioridad, de
preferencia en cooperación con las comunidades afectadas,
Observando
con preocupación que persisten los casos violentos de
racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de
intolerancia, y que incluso hoy en día se siguen proponiendo,
de una u otra forma, las teorías de la superioridad de ciertas
razas y culturas que fueron fomentadas y practicadas durante la era
colonial,
Alarmados
por el resurgimiento y la persistencia del racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las manifestaciones conexas de intolerancia en
sus formas y manifestaciones contemporáneas más
insidiosas, así como de otras ideologías y prácticas
basadas en la discriminación o la superioridad racial o
étnica,
Rechazando
enérgicamente toda doctrina basada en la superioridad
racial, así como las teorías que pretenden demostrar la
existencia de razas humanas presuntamente distintas,
Reconociendo
que el hecho de no combatir y denunciar el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, que es
tarea de todos, especialmente de las autoridades públicas y
los políticos a todos los niveles, es un factor que alienta su
perpetuación,
Reafirmando
que los Estados tienen el deber de proteger y promover los derechos
humanos y las libertades fundamentales de todas las víctimas,
y que deberían aplicar una perspectiva de género
que reconozca las múltiples formas de discriminación
que pueden afectar a las mujeres, y que el disfrute de sus derechos
civiles, políticos, económicos, sociales y culturales
es indispensable para el desarrollo de las sociedades en todo el
mundo,
Reconociendo
los retos y las oportunidades que presenta un mundo cada vez más
globalizado en relación con la lucha por erradicar el racismo,
la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia,
Resueltos,
en una época en que la globalización y la tecnología
han contribuido considerablemente a unir a los pueblos, a llevar a la
práctica el concepto de una familia humana basada en la
igualdad, la dignidad y la solidaridad y a hacer del siglo XXI un
siglo de los derechos humanos, la erradicación del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia y la
realización de una auténtica
igualdad de oportunidades y de trato para todos los individuos y
pueblos,
Reafirmando
los principios de la igualdad de derechos y de la libre determinación
de los pueblos y recordando que todos los seres humanos nacen iguales
en dignidad y en derechos, subrayando que esa igualdad debe ser
protegida como asunto de la máxima prioridad y reconociendo el
deber de los Estados de adoptar medidas rápidas, decisivas y
apropiadas para eliminar todas las formas de racismo, discriminación
racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia,
Dedicados
a combatir el flagelo del racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia de manera plena y
eficaz y con carácter prioritario, sacando al mismo tiempo las
lecciones de las manifestaciones de racismo y las experiencias del
pasado en todas las partes del mundo con miras a evitar que vuelvan a
repetirse,
Uniéndonos
en un espíritu de compromiso y de renovada voluntad política
respecto de la igualdad, la justicia y la dignidad universales para
rendir homenaje a todas las víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia en todo el mundo, y adoptar solemnemente la Declaración
y Programa de Acción de Durban,
Cuestiones
generales
1.
Declaramos que, a los efectos de la presente Declaración y
Programa de Acción, las víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia son los individuos o grupos de individuos que son o han
sido afectados negativamente por esas plagas, sometidos a ellas o
blanco de las mismas;
2.
Reconocemos que el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia se producen por
motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico y
que las víctimas pueden sufrir formas múltiples o
agravadas de discriminación por otros motivos conexos, como el
sexo, el idioma, la religión, las opiniones políticas o
de otra índole, el origen social, la situación
económica, el nacimiento u otra condición;
3.
Reconocemos y afirmamos que al comenzar el tercer milenio la lucha
mundial contra el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia, en todas sus formas y
manifestaciones odiosas y en constante evolución, es un asunto
prioritario para la comunidad internacional, y que esta Conferencia
ofrece una oportunidad única e histórica de evaluar y
determinar todas las dimensiones de esos males devastadores de la
humanidad con vistas a lograr su eliminación total, entre
otras cosas mediante la adopción de enfoques innovadores y
holísticos y el fortalecimiento y la promoción de
medidas prácticas y eficaces a los niveles nacional, regional
e internacional;
4.
Expresamos nuestra solidaridad con los pueblos de África en su
lucha incesante contra el racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia y reconocemos los
sacrificios que han hecho y los esfuerzos que realizan para crear
conciencia pública de estas tragedias inhumanas en el plano
internacional;
5.
Afirmamos también la gran importancia que atribuimos a los
valores de solidaridad, respeto, tolerancia y multiculturalismo, que
constituyen el fundamento moral y la inspiración de nuestra
lucha mundial contra el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia, tragedias inhumanas
que durante demasiado tiempo han afectado a los pueblos de todo el
mundo, especialmente en África;
6.
Afirmamos asimismo que todos los pueblos e individuos constituyen una
única familia humana rica en su diversidad. Han contribuido al
progreso de las civilizaciones y las culturas que constituyen el
patrimonio común de la humanidad. La preservación y el
fomento de la tolerancia, el pluralismo y el respeto de la diversidad
pueden producir sociedades más abiertas;
7.
Declaramos que todos los seres humanos nacen libres e iguales en
dignidad y derechos y están dotados de la posibilidad de
contribuir constructivamente al desarrollo y al bienestar de sus
sociedades. Toda doctrina de superioridad racial es científicamente
falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa y debe
rechazarse, junto con las teorías que tratan de determinar la
existencia de razas humanas separadas;
8.
Reconocemos que la religión, la espiritualidad y las creencias
desempeñan un papel central en la vida de millones de mujeres
y hombres, en el modo en que viven y en el modo en que tratan a otras
personas. La religión, la espiritualidad y las creencias
pueden contribuir a la promoción de la dignidad y el valor
inherentes de la persona humana y a la erradicación del
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia;
9.
Observamos con preocupación que el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia pueden
verse agravadas, entre otras cosas, por una distribución no
equitativa de la riqueza, la marginación y la exclusión
social;
10.
Reafirmamos que toda persona tiene derecho a un orden social e
internacional en el que puedan realizarse todos los derechos humanos
de todos, sin discriminación de ningún tipo;
11.
Observamos que el proceso de globalización es una fuerza
potente y dinámica que debería ser aprovechada para el
beneficio, desarrollo y prosperidad de todos los países, sin
exclusión. Reconocemos que los países en desarrollo
tienen especiales dificultades para hacer frente a este problema
fundamental. Aunque la globalización brinda grandes
oportunidades, en la actualidad sus beneficios se distribuyen de
forma muy desigual, lo mismo que sus costos. Así, expresamos
nuestra determinación de prevenir y mitigar los efectos
negativos de la globalización. Esos efectos pueden agravar, en
particular, la pobreza, el subdesarrollo, la marginación, la
exclusión social, la homogeneización cultural y las
desigualdades económicas que pueden producirse conforme a
criterios raciales, dentro de los Estados y entre ellos, con
consecuencias negativas. Expresamos también nuestra
determinación de ampliar al máximo los beneficios de la
globalización, entre otras cosas mediante el fortalecimiento y
el mejoramiento de la cooperación internacional para promover
la igualdad de oportunidades para el comercio, el crecimiento
económico y el desarrollo sostenible, las comunicaciones
mundiales gracias al empleo de nuevas tecnologías, y el
incremento de los intercambios interculturales mediante la
preservación y la promoción de la diversidad cultural,
lo que puede contribuir a la erradicación del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia. Sólo desplegando esfuerzos amplios y sostenidos
para crear un futuro común, basado en nuestra común
humanidad y en toda su diversidad, se podrá lograr que la
globalización sea plenamente incluyente y equitativa;
12.
Reconocemos que la migración interregional e intrarregional,
en particular del Sur al Norte, ha aumentado como consecuencia de la
globalización y subrayamos que las políticas relativas
a la migración no deben basarse en el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia;
Orígenes,
causas, formas y manifestaciones contemporáneas de racismo,
discriminación racial, xenofobia e intolerancia conexa
13.
Reconocemos que la esclavitud y la trata de esclavos, en particular
la trata transatlántica, fueron tragedias atroces en la
historia de la humanidad, no sólo por su aborrecible barbarie,
sino también por su magnitud, su carácter organizado y,
especialmente, su negación de la esencia de las víctimas,
y reconocemos asimismo que la esclavitud y la trata de esclavos,
especialmente la trata transatlántica de esclavos,
constituyen, y siempre deberían haber constituido, un crimen
de lesa humanidad y son una de las principales fuentes y
manifestaciones de racismo, discriminación racial, xenofobia y
formas conexas de intolerancia, y que los africanos y
afrodescendientes, los asiáticos y las personas de origen
asiático y los pueblos indígenas fueron víctimas
de esos actos y continúan siéndolo de sus
consecuencias;
14.
Reconocemos que el colonialismo ha llevado al racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia, y que los africanos y los afrodescendientes, las
personas de origen asiático y los pueblos indígenas
fueron víctimas del colonialismo y continúan siéndolo
de sus consecuencias. Reconocemos los sufrimientos causados por el
colonialismo y afirmamos que, dondequiera y cuandoquiera que
ocurrieron, deben ser condenados y ha de impedirse que ocurran de
nuevo. Lamentamos también que los efectos y la persistencia de
esas estructuras y prácticas se cuenten entre los factores que
contribuyen a desigualdades sociales y económicas duraderas en
muchas partes del mundo de hoy;
15.
Reconocemos que el apartheid y el genocidio, en derecho
internacional, constituyen crímenes de lesa humanidad y son
fuentes y manifestaciones principales de racismo, discriminación
racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, reconocemos los
indecibles males y sufrimientos causados por esos actos, y afirmamos
que dondequiera y cuandoquiera que ocurrieron, deben ser condenados y
ha de impedirse que ocurran de nuevo;
16.
Reconocemos que la xenofobia contra los no nacionales, en particular
los migrantes, los refugiados y los solicitantes de asilo, constituye
una de las principales fuentes del racismo contemporáneo, y
que las violaciones de los derechos humanos cometidas contra los
miembros de esos grupos se producen ampliamente en el contexto de
prácticas discriminatorias, xenófobas y racistas;
17.
Observamos la importancia de prestar especial atención a las
nuevas manifestaciones de racismo, discriminación racial,
xenofobia y formas conexas de intolerancia a las que pueden estar
expuestos los jóvenes y otros grupos vulnerables;
18.
Recalcamos que la pobreza, el subdesarrollo, la marginación,
la exclusión social y las desigualdades económicas
están estrechamente vinculadas con el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las prácticas
conexas de intolerancia y contribuyen a la persistencia de actitudes
y prácticas racistas, que a su vez generan más pobreza;
19.
Reconocemos las consecuencias económicas, sociales y
culturales negativas del racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia que han contribuido en
forma significativa al subdesarrollo de los países en
desarrollo y, en particular, de África, y resolvemos liberar a
todos los hombres, mujeres y niños de las condiciones abyectas
y deshumanizadoras de la pobreza extrema a la que en la actualidad
están sometidos más de mil millones de seres humanos,
hacer realidad para todos el derecho al desarrollo y librar a toda la
humanidad de la necesidad;
20.
Reconocemos que el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia se encuentran entre
las causas básicas de conflicto armado, y muchas veces son una
de sus consecuencias, y recordamos que la no discriminación es
un principio fundamental del derecho internacional humanitario.
Subrayamos la necesidad de que todas las partes en los conflictos
armados respeten escrupulosamente ese principio y de que los Estados
y la comunidad internacional permanezcan especialmente alerta durante
los períodos de conflicto armado y sigan combatiendo todas las
formas de discriminación racial;
21.
Expresamos nuestra profunda preocupación porque el desarrollo
socioeconómico esté siendo obstaculizado por conflictos
internos generalizados que se deben, entre otras causas, a
violaciones manifiestas de los derechos humanos, incluidas las
derivadas del racismo, la discriminación racial, la xenofobia
y las formas conexas de intolerancia, y a la falta de un gobierno
democrático, inclusivo y participatorio;
22.
Expresamos nuestra preocupación porque en algunos Estados las
estructuras o instituciones políticas y jurídicas,
algunas de ellas heredadas y que hoy persisten, no corresponden a las
características multiétnicas, pluriculturales y
plurilingües de la población y, en muchos casos,
constituyen un factor importante de discriminación en la
exclusión de los pueblos indígenas;
23.
Reconocemos plenamente los derechos de los pueblos indígenas,
de conformidad con los principios de la soberanía y la
integridad territorial de los Estados, y recalcamos por lo tanto que
deben adoptarse las apropiadas medidas constitucionales,
administrativas, legislativas y judiciales, incluidas las que
resulten de los instrumentos internacionales aplicables;
24.
Declaramos que la expresión "pueblos indígenas"
en la Declaración y el Programa de Acción de la
Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación
Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia se utiliza
en el contexto de negociaciones internacionales en curso sobre textos
que tratan específicamente de esta cuestión, y sin
prejuzgar el resultado de esas negociaciones, y no debe interpretarse
en el sentido de que tiene repercusión alguna en cuanto a los
derechos reconocidos por las normas jurídicas internacionales;
25.
Expresamos nuestro profundo repudio del racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia que
persisten en algunos Estados en el funcionamiento de los sistemas
penales y en la aplicación de la ley, así como en las
medidas y actitudes de las instituciones y las personas encargadas de
hacer cumplir la ley, especialmente en los casos en que esto ha
contribuido a que algunos grupos estén excesivamente
representados entre los detenidos o presos;
26.
Afirmamos la necesidad de poner fin a la impunidad de las violaciones
de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las
personas y los grupos que son víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia;
27.
Expresamos nuestra preocupación porque, más allá
del hecho de que el racismo esté ganando terreno, las formas y
manifestaciones contemporáneas del racismo y la xenofobia
están tratando de volver a adquirir reconocimiento político,
moral e incluso jurídico en muchas formas, entre otras
mediante las plataformas de algunas organizaciones y partidos
políticos y la difusión de ideas basadas en el concepto
de la superioridad racial mediante las modernas tecnologías de
la comunicación;
28.
Recordamos que la persecución de todo grupo, colectividad o
comunidad con una identidad propia por motivos raciales, nacionales,
étnicos o de otra índole, que están
universalmente reconocidos como inaceptables en el derecho
internacional, así como el crimen de apartheid,
constituyen graves violaciones de los derechos humanos y, en algunos
casos, pueden ser calificados de crímenes de lesa humanidad;
29.
Condenamos enérgicamente el hecho de que la esclavitud y las
prácticas análogas a la esclavitud sigan existiendo hoy
en algunas partes del mundo e instamos a los Estados a que tomen con
carácter prioritario medidas inmediatas para poner fin a
dichas prácticas, que constituyen violaciones manifiestas de
los derechos humanos;
30.
Afirmamos la urgente necesidad de prevenir, combatir y eliminar todas
las formas de trata de personas, en particular de mujeres y niños,
y reconocemos que las víctimas de esa trata están
especialmente expuestas al racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
Víctimas
del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia
31.
También expresamos nuestra profunda preocupación por
los casos en que los indicadores en esferas como la educación,
el empleo, la salud, la vivienda, la mortalidad infantil y la
esperanza de vida de muchos pueblos revelan una situación de
desventaja, en particular cuando entre los factores que contribuyen a
ello factores como el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
32.
Reconocemos el valor y la diversidad del patrimonio cultural de los
africanos y los afrodescendientes y afirmamos la importancia y
necesidad de asegurar su completa integración en la vida
social, económica y política con miras a facilitar su
plena participación en todos los niveles del proceso de
adopción de decisiones;
33.
Consideramos esencial que todos los países de la región
de las Américas y todas las demás zonas de la diáspora
africana reconozcan la existencia de su población de origen
africano y las contribuciones culturales, económicas,
políticas y científicas que ha hecho esa población,
y que admitan la persistencia del racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia que la
afectan de manera específica, y reconocemos que, en muchos
países, la desigualdad histórica en lo que respecta,
entre otras cosas, al acceso a la educación, la atención
de salud y la vivienda ha sido una causa profunda de las disparidades
socioeconómicas que la afectan;
34.
Reconocemos que los afrodescendientes han sido durante siglos
víctimas del racismo, la discriminación racial y la
esclavización, y de la denegación histórica de
muchos de sus derechos, y afirmamos que deben ser tratados con
equidad y respeto de su dignidad, y que no deben sufrir
discriminación de ningún tipo. Por lo tanto, se deben
reconocer sus derechos a la cultura y a la propia identidad; a
participar libremente y en igualdad de condiciones en la vida
política, social, económica y cultural; al desarrollo
en el marco de sus propias aspiraciones y costumbres; a tener,
mantener y fomentar sus propias formas de organización, su
modo de vida, cultura, tradiciones y manifestaciones religiosas; a
mantener y usar sus propios idiomas; a la protección de sus
conocimientos tradicionales y su patrimonio cultural y artístico;
al uso, disfrute y conservación de los recursos naturales
renovables de su hábitat y a participar activamente en el
diseño, la aplicación y el desarrollo de sistemas y
programas de educación, incluidos los de carácter
específico y propio; y, cuando proceda, a las tierras que han
habitado desde tiempos ancestrales;
35.
Reconocemos que, en muchas partes del mundo, los africanos y los
afrodescendientes tienen que hacer frente a obstáculos como
resultado de prejuicios y discriminaciones sociales que prevalecen en
las instituciones públicas y privadas y nos comprometemos a
trabajar para erradicar todas las formas de racismo, discriminación
racial, xenofobia e intolerancia conexa con que se enfrentan los
africanos y los afrodescendientes;
36.
Reconocemos que, en muchas partes del mundo, los asiáticos y
las personas de origen asiático tienen que hacer frente a
obstáculos como resultado de prejuicios y discriminaciones
sociales que prevalecen en las instituciones públicas y
privadas y nos comprometemos a trabajar para erradicar todas las
formas de racismo, discriminación racial, xenofobia e
intolerancia conexa con que se enfrentan los asiáticos y las
personas de origen asiático;
37.
Observamos con reconocimiento que, a pesar del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia con que se han enfrentado durante siglos, las personas
de origen asiático han aportado y siguen aportando una
contribución importante a la vida económica, social,
política, científica y cultural de los países en
que viven;
38.
Instamos a todos los Estados a que examinen y, de ser necesario,
revisen todas las políticas de inmigración que sean
incompatibles con los instrumentos internacionales de derechos
humanos, a fin de eliminar todas las políticas y prácticas
discriminatorias contra los migrantes, incluidos los asiáticos
y los de origen asiático;
39.
Reconocemos que los pueblos indígenas han sido víctimas
de discriminación durante siglos y afirmamos que son libres e
iguales en dignidad y derechos y no deberían sufrir ningún
tipo de discriminación, particularmente por su origen e
identidad indígenas, y destacamos la necesidad de tomar
constantemente medidas para luchar contra la persistencia del
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia que los afectan;
40.
Reconocemos el valor y la diversidad de las culturas y el patrimonio
de los pueblos indígenas, cuya singular contribución al
desarrollo y pluralismo cultural de la sociedad y cuya plena
participación en todos los aspectos de la sociedad, en
particular en temas que les preocupan, son fundamentales para la
estabilidad política y social y para el desarrollo de los
Estados en que viven;
41.
Reiteramos nuestra convicción de que la plena realización
por los pueblos indígenas de sus derechos humanos y libertades
fundamentales es indispensable para eliminar el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia. Reiteramos firmemente nuestra determinación de
promover el pleno disfrute, en condiciones de igualdad, de sus
derechos civiles, políticos, económicos, sociales y
culturales, así como de los beneficios del desarrollo
sostenible, con pleno respeto de sus características
distintivas y de sus propias iniciativas;
42.
Insistimos en que para que los pueblos indígenas puedan
expresar libremente su propia identidad y ejercer sus derechos no
deben ser objeto de ningún tipo de discriminación, lo
que necesariamente implica el respeto de sus derechos humanos y
libertades fundamentales. Se está haciendo actualmente un
esfuerzo por garantizar el reconocimiento universal de estos derechos
en las negociaciones acerca del proyecto de declaración sobre
los derechos de los pueblos indígenas, incluidos los derechos
siguientes: a ser llamados por su propio nombre; a participar
libremente y en condiciones de igualdad en el desarrollo político,
económico, social y cultural de un país; a mantener sus
propias formas de organización, sus estilos de vida, culturas
y tradiciones; a mantener y utilizar su propio idioma; a mantener su
propia estructura económica en las zonas en que habitan; a
participar en el desarrollo de sus sistemas y programas de educación;
a administrar sus tierras y recursos naturales, incluidos los
derechos de caza y pesca; y a tener acceso a la justicia en
condiciones de igualdad;
43.
Reconocemos también la relación especial que tienen los
pueblos indígenas con la tierra como base de su existencia
espiritual, física y cultural, y alentamos a los Estados a
que, siempre que sea posible, velen por que los pueblos indígenas
puedan mantener la propiedad de sus tierras y de los recursos
naturales a que tienen derecho conforme a la legislación
interna;
44.
Celebramos la decisión de crear dentro del sistema de las
Naciones Unidas el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas,
que da expresión concreta a los principales objetivos del
Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo y
de la Declaración y Programa de Acción de Viena;
45.
Celebramos el nombramiento por las Naciones Unidas del Relator
Especial sobre la situación de los derechos humanos y las
libertades fundamentales de los indígenas y nos comprometemos
a colaborar con el Relator Especial;
46.
Reconocemos las positivas contribuciones económicas, sociales
y culturales de los migrantes, tanto para los países de origen
como para los de destino;
47.
Reafirmamos el derecho soberano de los Estados a formular y aplicar
su propio régimen jurídico y políticas de
migración, y afirmamos asimismo que esas políticas
deben ser congruentes con los instrumentos, normas y principios de
derechos humanos aplicables y deben estar formuladas de modo que se
asegure que no están contaminados por el racismo, la
discriminación racial, xenofobia y las formas conexas de
intolerancia;
48.
Observamos con preocupación y condenamos enérgicamente
las manifestaciones y actos de racismo, discriminación racial,
xenofobia y formas conexas de intolerancia contra los migrantes y los
estereotipos que corrientemente se les aplican, reafirmamos la
responsabilidad de los Estados de proteger los derechos humanos de
los migrantes que se hallan bajo su jurisdicción y la
responsabilidad de los Estados de salvaguardar y proteger a los
migrantes contra los actos ilícitos o violentos, en particular
los actos de discriminación racial y los delitos cometidos por
motivos racistas o xenófobos por individuos o grupos, y
destacamos la necesidad de que se les dé un trato justo,
imparcial y equitativo en la sociedad y en el lugar de trabajo;
49.
Destacamos la importancia de crear condiciones que favorezcan una
mayor armonía, tolerancia y respeto entre los migrantes y el
resto de la sociedad del país en que se encuentran, a fin de
eliminar las manifestaciones de racismo y xenofobia contra los
migrantes. Subrayamos que la reunificación de las familias
tiene un efecto positivo en la integración y destacamos la
necesidad de que los Estados faciliten esa reunificación;
50.
Tenemos presente la situación de vulnerabilidad en que con
frecuencia se hallan los migrantes, entre otras cosas porque están
fuera de sus países de origen y por las dificultades con que
tropiezan en razón de las diferencias de idioma, costumbres y
cultura, así como las dificultades y obstáculos
económicos y sociales para el retorno de migrantes
indocumentados o en situación irregular;
51.
Reafirmamos la necesidad de eliminar la discriminación racial
contra los migrantes, en particular los trabajadores migrantes, en
cuestiones tales como el empleo, los servicios sociales, incluidos
los de educación y salud, así como en el acceso a la
justicia, y que el trato que se les da debe ajustarse a los
instrumentos internacionales de derechos humano, sin racismo,
discriminación racial, xenofobia ni formas conexas de
intolerancia;
52.
Observamos con preocupación que el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, entre
otros factores, contribuyen al desplazamiento forzado y a la salida
de personas de sus países de origen como refugiados y
solicitantes de asilo;
53.
Reconocemos también con preocupación que, pese a los
esfuerzos por combatir el racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, sigue habiendo
casos de distintas formas de racismo, discriminación racial,
xenofobia e intolerancia conexa contra los refugiados, los
solicitantes de asilo y las personas internamente desplazadas, entre
otros;
54.
Ponemos de relieve la urgencia de hacer frente a las causas básicas
del desplazamiento y de hallar soluciones duraderas para los
refugiados y las personas desplazadas, en particular el regreso
voluntario en condiciones de seguridad y dignidad a los países
de origen, así como el reasentamiento en terceros países
y la integración local, cuando resulte apropiado y factible;
55.
Reafirmamos nuestro compromiso de respetar y aplicar nuestras
obligaciones humanitarias relacionadas con la protección de
los refugiados, los solicitantes de asilo, los repatriados y las
personas internamente desplazadas, y señalamos a este respecto
la importancia de la solidaridad internacional, la distribución
de la carga y la cooperación internacional para compartir la
responsabilidad de la protección de los refugiados, a la vez
que reafirmamos que la Convención de 1951 y su Protocolo de
1967 sobre el Estatuto de los Refugiados siguen siendo la base del
régimen internacional de los refugiados y reconocemos la
importancia de su plena aplicación por los Estados Partes;
56.
Reconocemos la existencia en muchos países de una población
mestiza con diversos orígenes étnicos y raciales y su
valiosa contribución a la promoción de la tolerancia y
el respeto en esas sociedades, y condenamos la discriminación
de que es víctima, especialmente porque la naturaleza sutil de
esa discriminación puede hacer que se niegue su existencia;
57.
Somos conscientes de que la historia de la humanidad está
repleta de grandes atrocidades resultantes de violaciones manifiestas
de los derechos humanos y pensamos que puede aprenderse de la
historia, rememorándola, para evitar futuras tragedias;
58.
Recordamos que jamás debe olvidarse el Holocausto;
59.
Reconocemos con profunda preocupación la intolerancia
religiosa contra algunas comunidades religiosas, así como la
aparición de actos hostiles y de violencia contra esas
comunidades a causa de sus creencias religiosas y su origen racial o
étnico en diversas partes del mundo, que limitan en particular
su derecho a practicar libremente sus creencias;
60.
También reconocemos con honda preocupación la
existencia en varias partes del mundo de intolerancia religiosa
contra comunidades religiosas y sus miembros, en particular la
limitación de su derecho a practicar libremente sus creencias,
así como la aparición cada vez más frecuente de
estereotipos negativos, actos de hostilidad y violencia contra esas
comunidades a causa de sus creencias religiosas y de su origen étnico
o de su presunto origen racial;
61.
Reconocemos con profunda preocupación el creciente
antisemitismo e islamofobia en diversas partes del mundo, así
como la aparición de movimientos raciales y violentos basados
en el racismo e ideas discriminatorias contra las comunidades judía,
musulmana y árabe;
62.
Somos conscientes de que la historia de la humanidad está
repleta de terribles injusticias infligidas por la falta de respeto a
la igualdad de los seres humanos, observamos con alarma la
intensificación de esas prácticas en diversas partes
del mundo e instamos a las personas, sobre todo en situaciones de
conflicto, a que desistan de la incitación al racismo y del
uso de expresiones despectivas y de estereotipos negativos;
63.
Nos preocupan los padecimientos del pueblo palestino sometido a
ocupación extranjera. Reconocemos el derecho inalienable del
pueblo palestino a la libre determinación y al establecimiento
de un Estado independiente, reconocemos el derecho a la seguridad de
todos los Estados de la región, incluido Israel, y hacemos un
llamamiento a todos los Estados para que apoyen el proceso de paz y
lo lleven a una pronta conclusión;
64.
Pedimos una paz justa, general y duradera en la región, en la
que todos los pueblos coexistan y disfruten de igualdad, justicia y
derechos humanos internacionalmente reconocidos, y seguridad;
65.
Reconocemos el derecho de los refugiados a regresar voluntariamente a
sus hogares y bienes en condiciones de dignidad y seguridad, e
instamos a todos los Estados a que faciliten ese retorno;
66.
Afirmamos que debe protegerse la identidad étnica, cultural,
lingüística y religiosa de las minorías, cuando
las haya, y que las personas pertenecientes a esas minorías
deben ser tratadas en pie de igualdad y deben disfrutar de sus
derechos humanos y sus libertades fundamentales sin discriminación
de ningún tipo;
67.
Reconocemos que los miembros de algunos grupos con una identidad
cultural propia se enfrentan a obstáculos atribuibles a un
complejo conjunto de factores étnicos, religiosos o de otra
índole, así como a sus tradiciones y costumbres, e
instamos a los Estados a que se aseguren de que las medidas,
políticas y programas destinados a erradicar el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia aborden los obstáculos que crea este conjunto de
factores;
68.
Reconocemos con honda preocupación las actuales
manifestaciones de racismo, discriminación racial, xenofobia y
formas conexas de intolerancia, así como de violencia, a que
hacen frente los romaníes, gitanos, sintis y nómadas, y
reconocemos la necesidad de elaborar políticas eficaces y
mecanismos de aplicación para lograr su plena igualdad;
69.
Estamos convencidos de que el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia se
manifiestan en forma diferenciada para las mujeres y las niñas,
y pueden ser factores que llevan al deterioro de sus condiciones de
vida, a la pobreza, la violencia, las formas múltiples de
discriminación y la limitación o denegación de
sus derechos humanos. Reconocemos la necesidad de integrar una
perspectiva de género en las pertinentes políticas,
estrategias y programas de acción contra el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia a fin de hacer frente a las formas múltiples de
discriminación;
70.
Reconocemos la necesidad de elaborar un enfoque más coherente
y sistemático para evaluar y vigilar la discriminación
racial contra las mujeres, así como las desventajas,
obstáculos y dificultades a que hacen frente las mujeres para
el pleno ejercicio y disfrute de sus derechos civiles, políticos,
económicos, sociales y culturales como consecuencia del
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia;
71.
Deploramos los intentos de obligar a mujeres que pertenecen a ciertas
religiones y minorías religiosas a renunciar a su identidad
cultural y religiosa o a limitar su expresión legítima,
o de discriminar contra ellas en lo que se refiere a las
oportunidades de educación y empleo;
72.
Observamos con preocupación el gran número de menores y
jóvenes, particularmente niñas, que figuran entre las
víctimas del racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia y destacamos la
necesidad de incorporar medidas especiales, de conformidad con el
principio del interés superior del niño y el respeto de
sus opiniones, en los programas contra el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, a fin de
prestar atención prioritaria a los derechos y a la situación
de los menores y los jóvenes que son víctimas de esas
prácticas;
73.
Reconocemos que a un niño que pertenece a una minoría
étnica, religiosa o lingüística o que es indígena
no debe negársele el derecho, individualmente o en comunidad
con otros miembros de su grupo, a disfrutar de su propia cultura, a
profesar y practicar su propia religión y a utilizar su
idioma;
74.
Reconocemos que el trabajo infantil está relacionado con la
pobreza, la falta de desarrollo y las condiciones socioeconómicas
conexas y que, en algunos casos, podría perpetuar la pobreza y
la discriminación racial, al privar de manera desproporcionada
a los niños de los grupos afectados de la posibilidad de
adquirir las aptitudes humanas necesarias para la vida productiva y
para beneficiarse del crecimiento económico;
75.
Observamos con profunda preocupación que en muchos países
las personas infectadas o afectadas por el VIH/SIDA, así como
las presuntamente infectadas, pertenecen a grupos vulnerables al
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia, lo que incide negativamente sobre su acceso
a la atención de salud y los medicamentos y lo obstaculiza;
Medidas
de prevención, educación y protección destinadas
a erradicar el racismo, la discriminación racial, la xenofobia
y las formas conexas de intolerancia en los ámbitos nacional,
regional e internacional
76.
Reconocemos que las condiciones políticas, económicas,
culturales y sociales no equitativas pueden engendrar y fomentar el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia, que a su vez exacerban la desigualdad.
Creemos que una auténtica igualdad de oportunidades para todos
en todos los campos, incluido el desarrollo, es fundamental para la
erradicación del racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
77.
Afirmamos que la adhesión universal a la Convención
Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación Racial y su pleno cumplimiento tienen
importancia primordial para la promoción de la igualdad y la
no discriminación en el mundo;
78.
Reafirmamos el compromiso solemne de todos los Estados de fomentar el
respeto universal, la observancia y la protección de todos los
derechos humanos, económicos, sociales, culturales, civiles y
políticos, incluido el derecho al desarrollo, como factor
fundamental para la prevención y eliminación del
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia;
79.
Estamos firmemente convencidos de que los obstáculos para
vencer la discriminación racial y conseguir la igualdad racial
radican principalmente en la falta de voluntad política, la
legislación deficiente, y la falta de estrategias de
aplicación y de medidas concretas por los Estados, así
como en la prevalencia de actitudes racistas y estereotipos
negativos;
80.
Creemos firmemente que la educación, el desarrollo y la
aplicación cabal de todas las normas y obligaciones de
derechos humanos internacionales, en particular la promulgación
de leyes y estrategias políticas, sociales y económicas,
son fundamentales para combatir el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
81.
Reconocemos que la democracia y un gobierno transparente, responsable
y participativo que responda a las necesidades y aspiraciones de la
población, y el respeto de los derechos humanos, las
libertades fundamentales y el estado de derecho son esenciales para
la prevención y la eliminación efectivas del racismo,
la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia. Reafirmamos que toda forma de impunidad por delitos
motivados por actitudes racistas y xenófobas contribuye a
debilitar el Estado de derecho y la democracia y tiende a fomentar la
repetición de tales actos;
82.
Afirmamos que el Diálogo entre Civilizaciones constituye un
proceso para lograr la identificación y la promoción de
bases comunes entre las civilizaciones, el reconocimiento y la
promoción de la dignidad inherente a todos los seres humanos y
de la igualdad de derechos de éstos y el respeto de los
principios fundamentales de justicia; de este modo, puede disipar los
conceptos de superioridad racial basados en el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia, y facilitar la construcción de un mundo
reconciliado para la familia humana;
83.
Destacamos la función clave que los dirigentes y los partidos
políticos pueden y deben desempeñar en la lucha contra
el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia, y alentamos a los partidos políticos
a que tomen medidas concretas para promover la solidaridad, la
tolerancia y el respeto;
84.
Condenamos la persistencia y la reaparición del neonazismo,
neofascismo y de ideologías nacionalistas violentas basadas en
prejuicios raciales o nacionales y declaramos que esos fenómenos
no se pueden justificar en ningún caso ni bajo ninguna
circunstancia;
85.
Condenamos las plataformas y organizaciones políticas basadas
en el racismo, la xenofobia o las doctrinas de la superioridad y la
discriminación raciales, así como la legislación
y las prácticas basadas en el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, por ser
incompatibles con la democracia y la gobernanza transparente y
responsable. Reafirmamos que el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia permitidos
por las políticas gubernamentales violan los derechos humanos
y pueden poner en peligro las relaciones de amistad entre los
pueblos, la cooperación entre las naciones y la paz y la
seguridad internacionales;
86.
Recordamos que la difusión de todas las ideas basadas en la
superioridad o en el odio racial deberá ser declarada delito
punible por ley, teniendo debidamente en cuenta los principios
consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y
los derechos expresamente enunciados en el artículo 5 de la
Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas
las Formas de Discriminación Racial;
87.
Observamos el párrafo b) del artículo 4 de la
Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas
las Formas de Discriminación Racial impone a los Estados la
obligación de mostrarse vigilantes y de tomar medidas contra
las organizaciones que difunden ideas basadas en la superioridad o el
odio racial, cometen actos de violencia o incitan a cometer tales
actos. Esas organizaciones deberán ser condenadas y
desalentadas;
88.
Reconocemos que los medios de comunicación deben representar
la diversidad de la sociedad multicultural y desempeñar su
función en la lucha contra el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. A este
respecto destacamos la fuerza de la publicidad;
89.
Tomamos nota con pesar de que algunos medios de comunicación,
al promover imágenes falsas y estereotipos negativos de grupos
y personas vulnerables, en particular migrantes y refugiados, han
contribuido a la difusión de sentimientos racistas y xenófobos
entre el público y, en algunos casos, han alentado la
violencia por parte de individuos y grupos racistas;
90.
Reconocemos la contribución positiva que el ejercicio del
derecho a la libertad de expresión, en particular por los
medios de comunicación y las nuevas tecnologías,
incluida Internet, y el pleno respeto de la libertad de buscar,
recibir y comunicar información pueden hacer a la lucha contra
el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia. Reiteramos la necesidad de respetar
la independencia de la prensa y la autonomía de los medios de
comunicación a este respecto;
91.
Expresamos nuestra profunda preocupación por el uso de las
nuevas tecnologías de la información, como Internet,
con fines contrarios al respeto de los valores humanos, la igualdad,
la no discriminación, el respeto por los demás y la
tolerancia, en particular para propagar el racismo, el odio racial,
la xenofobia, la discriminación racial y las formas conexas de
intolerancia, y, sobre todo, por la posibilidad de que los niños
y los jóvenes que tienen acceso a esa información se
vean negativamente influidos por ella;
92.
Reconocemos también la necesidad de promover la utilización
de nuevas tecnologías de la información y las
comunicaciones, particularmente Internet, para contribuir a la lucha
contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y
las formas conexas de intolerancia; las nuevas tecnologías
pueden ayudar a promover la tolerancia y el respeto de la dignidad
humana, así como los principios de la igualdad y la no
discriminación;
93.
Afirmamos que todos los Estados deberían reconocer la
importancia de los medios de información de la comunidad que
permiten expresarse a las víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia;
94.
Reafirmamos que la estigmatización de las personas de
diferentes orígenes mediante actos u omisiones de las
autoridades públicas, las instituciones, los medios de
información, los partidos políticos o las
organizaciones nacionales o locales no sólo es un acto de
discriminación racial, sino que además puede incitar a
la repetición de tales actos, resultando así en la
creación de un círculo vicioso que refuerza las
actitudes y los prejuicios racistas, y que debe condenarse;
95.
Reconocemos que la educación a todos los niveles y a todas las
edades, inclusive dentro de la familia, en especial la educación
en materia de derechos humanos, es la clave para modificar las
actitudes y los comportamientos basados en el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia y para promover la tolerancia y el respeto de la
diversidad en las sociedades. Afirmamos además que una
educación de este tipo es un factor determinante en la
promoción, difusión y protección de los valores
democráticos de justicia y equidad, que son fundamentales para
prevenir y combatir el avance del racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
96.
Reconocemos que la calidad de la educación, la eliminación
del analfabetismo y el acceso a la enseñanza primaria gratuita
para todos pueden contribuir a promover sociedades menos excluyentes,
la equidad, unas relaciones estables y armoniosas y la amistad entre
las naciones, los pueblos, los grupos y los individuos, y una cultura
de paz, favoreciendo la comprensión mutua, la solidaridad, la
justicia social y el respeto de todos los derechos humanos para
todos;
97.
Hacemos hincapié en los vínculos entre el derecho a la
educación y la lucha contra el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia y en la
función esencial de la educación, en particular la
educación sobre los derechos humanos y la educación que
reconozca y respete la diversidad cultural, especialmente entre los
niños y los jóvenes, para prevenir y erradicar todas
las formas de intolerancia y discriminación;
Establecimiento
de recursos y medidas eficaces de reparación, resarcimiento,
indemnización y de otra índole a nivel nacional,
regional e internacional
98.
Subrayamos la importancia y la necesidad de enseñar los hechos
y la verdad de la historia de la humanidad, desde la antigüedad
hasta el pasado reciente, así como de enseñar los
hechos y la verdad de la historia, las causas, la naturaleza y las
consecuencias del racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia, a fin de llegar a
conocer de manera amplia y objetiva las tragedias del pasado;
99.
Reconocemos y lamentamos profundamente los masivos sufrimientos
humanos y el trágico padecimiento de millones de hombres,
mujeres y niños causados por la esclavitud, la trata de
esclavos, la trata transatlántica de esclavos, el apartheid,
el colonialismo y el genocidio, hacemos un llamamiento a los Estados
interesados para que honren la memoria de las víctimas de
pasadas tragedias, y afirmamos que dondequiera y cuando quiera que
hubieran ocurrido deben ser condenados y ha de impedirse que ocurran
de nuevo. Lamentamos que esas prácticas y estructuras,
políticas, socioeconómicas y culturales, hayan causado
el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia;
100.
Reconocemos y lamentamos profundamente los indecibles sufrimientos y
males infligidos a millones de hombres, mujeres y niños como
resultado de la esclavitud, la trata de esclavos, la trata
transatlántica de esclavos, el apartheid, el genocidio
y pasadas tragedias. Observamos también que algunos Estados
han tomado la iniciativa de pedir perdón y han pagado una
indemnización, en los casos procedentes, por las graves y
masivas violaciones perpetradas;
101.
Con miras a dar por clausurados estos negros capítulos de la
historia y como medio de reconciliación y cicatrización
de las heridas, invitamos a la comunidad internacional y a sus
miembros a que honren la memoria de las víctimas de esas
tragedias. La Conferencia observa también que algunos han
tomado la iniciativa de lamentar lo sucedido, expresar remordimiento
o pedir perdón, y hace un llamamiento a quienes todavía
no hayan contribuido a restablecer la dignidad de las víctimas
para que encuentren la manera adecuada de hacerlo y, en este sentido,
expresa su agradecimiento a los Estados que ya lo han hecho;
102.
Somos conscientes de la obligación moral que tienen todos los
Estados interesados, y hacemos un llamamiento a esos Estados a fin de
que adopten medidas adecuadas y eficaces para hacer cesar e invertir
las consecuencias duraderas de esas prácticas;
103.
Reconocemos las consecuencias de las formas pasadas y contemporáneas
de racismo, discriminación racial, xenofobia e intolerancia
conexas como graves desafíos a la paz y la seguridad
mundiales, la dignidad humana y el goce de los derechos humanos y las
libertades fundamentales de muchas personas en el mundo, en
particular africanos, afrodescendientes, personas de origen asiático
y pueblos indígenas;
104.
Reafirmamos enérgicamente también que es requisito
ineludible de justicia que se dé acceso a la justicia a las
víctimas de violaciones de los derechos humanos resultantes
del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia, especialmente a la luz de su
situación vulnerable social, cultural y económicamente,
así como asistencia jurídica si procede, y protección
y recursos eficaces y apropiados, incluso el derecho a pedir y
recibir justa y adecuada indemnización o satisfacción
por los daños sufridos de resultas de esa discriminación,
de acuerdo con lo consagrado en numerosos instrumentos
internacionales y regionales de derechos humanos, en particular la
Declaración Universal de Derechos Humanos y la Convención
Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación Racial;
105.
Inspirada en los principios enunciados en la Declaración del
Milenio y en el reconocimiento de que tenemos la responsabilidad
colectiva de defender los principios de la dignidad humana, la
igualdad y la equidad y de garantizar que la mundialización
llegue a ser una fuerza positiva para todos los pueblos del mundo, la
comunidad internacional se compromete a trabajar en pro de la
beneficiosa integración de los países en desarrollo en
la economía mundial y a combatir su marginación
determinada a lograr el crecimiento económico acelerado y el
desarrollo sostenible y a erradicar la pobreza, la desigualdad y las
privaciones;
106.
Subrayamos que recordar los crímenes e injusticias del pasado,
cuando quiera y dondequiera que ocurrieron, condenar inequívocamente
las tragedias racistas y decir la verdad sobre la historia son
elementos esenciales para la reconciliación internacional y la
creación de sociedades basadas en la justicia, la igualdad y
la solidaridad;
Estrategias
para lograr una igualdad plena y efectiva que abarquen la cooperación
internacional y el fortalecimiento de las Naciones Unidas y otros
mecanismos internacionales en la lucha contra el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia
107.
Destacamos la necesidad de diseñar, promover y aplicar en el
plano nacional, regional e internacional estrategias, programas y
políticas, así como legislación adecuada, que
puede incluir medidas especiales y positivas, para promover un
desarrollo social equitativo y la realización de los derechos
civiles y políticos, económicos, sociales y culturales
de todas las víctimas del racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia,
particularmente dándoles un acceso más efectivo a las
instituciones políticas, judiciales y administrativas, así
como la necesidad de incrementar el acceso efectivo a la justicia, y
de garantizar que los beneficios del desarrollo, la ciencia y la
tecnología contribuyan efectivamente a mejorar la calidad de
vida de todos, sin discriminación;
108.
Reconocemos la necesidad de adoptar medidas afirmativas o medidas
especiales a favor de las víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia para promover su plena integración en la
sociedad. Esas medidas de acción efectiva, que han de incluir
medidas sociales, deben estar destinadas a corregir las condiciones
que menoscaban el disfrute de los derechos y a introducir medidas
especiales para alentar la participación igual de todos los
grupos raciales y culturales, lingüísticos y religiosos
en todos los sectores de la sociedad y para situarlos en pie de
igualdad. Entre estas medidas deberían figurar medidas
especiales para lograr una representación apropiada en las
instituciones de enseñanza, la vivienda, los partidos
políticos, los parlamentos y el empleo, en particular en los
órganos judiciales, la policía, el ejército y
otros servicios civiles, lo que en algunos casos puede exigir
reformas electorales, reformas agrarias y campañas en pro de
la participación equitativa;
109.
Recordamos la importancia de fomentar la cooperación
internacional para promover a) la lucha contra el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia; b) la aplicación efectiva de los tratados e
instrumentos internacionales que prohíben esas prácticas;
c) los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas a este respecto;
d) el logro de las metas establecidas por la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo celebrada en
Río de Janeiro en 1992, la Conferencia Mundial de Derechos
Humanos celebrada en Viena en 1993, la Conferencia Internacional
sobre la Población y el Desarrollo celebrada en El Cairo en
1994, la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social celebrada en
Copenhague en 1995, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer
celebrada en Beijing en 1995, la Conferencia de las Naciones Unidas
sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II) celebrada en
Estambul en 1996 y la Cumbre Mundial sobre la Alimentación
celebrada en Roma en 1996, velando por que esas metas beneficien en
forma equitativa a todas las víctimas del racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia;
110.
Reconocemos la importancia de la cooperación entre los
Estados, las organizaciones internacionales y regionales pertinentes,
las instituciones financieras internacionales, las organizaciones no
gubernamentales y los particulares en la lucha mundial contra el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia, y que para el éxito de esta lucha se
requiere específicamente tener en cuenta las quejas, opiniones
y exigencias de las víctimas de esa discriminación;
111.
Reiteramos que la respuesta y la política internacionales,
incluida la asistencia financiera con respecto a los refugiados y las
personas desplazadas en diferentes partes del mundo, no deben basarse
en la discriminación por motivos de raza, color, linaje u
origen nacional o étnico de los refugiados y las personas
desplazadas de que se trate y, en este contexto, exhortamos a la
comunidad internacional a prestar asistencia suficiente, y equitativa
a los países de acogida, en particular cuando se trate de
países en desarrollo o de países en transición;
112.
Reconocemos la importancia de unas instituciones nacionales
independientes de derechos humanos que se ajusten a los Principios
relativos al estatuto de las instituciones nacionales de promoción
y protección de los derechos humanos, anexos a la resolución
48/134 de la Asamblea General, de 20 de diciembre de 1993, y de otras
instituciones especializadas pertinentes creadas por ley para la
promoción y protección de los derechos humanos, como la
del defensor del pueblo, en la lucha contra el racismo, la
discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de
intolerancia, así como para la promoción de valores
democráticos y el Estado de derecho. Alentamos a los Estados a
que establezcan tales instituciones, según proceda, y
exhortamos a las autoridades y a la sociedad en general de los países
en que esas instituciones están desempeñando sus
funciones de promoción, protección y prevención
a que cooperen en la mayor medida posible con dichas instituciones,
respetando al mismo tiempo su independencia;
113.
Reconocemos el importante papel que pueden desempeñar los
órganos regionales competentes, incluidas las asociaciones
regionales de instituciones nacionales de derechos humanos, en la
lucha contra el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia, y la función
crucial de supervisión y sensibilización de la opinión
pública respecto de la intolerancia y la discriminación
que pueden desempeñar en el plano regional, y reafirmamos el
apoyo a esos órganos donde existen y recomendamos su creación;
114.
Reconocemos la importancia fundamental que tienen los parlamentos en
la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia en la tarea de adoptar
legislación apropiada, supervisar su aplicación y
asignar los recursos financieros necesarios;
115.
Destacamos la importancia de la participación de los agentes
sociales y otras organizaciones no gubernamentales en el diseño
y la aplicación de programas de formación y desarrollo;
116.
Reconocemos el importante papel que desempeña la sociedad
civil en la lucha contra el racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, en particular en
la asistencia a los gobiernos para desarrollar reglamentos y
estrategias, así como adoptar medidas y desplegar actividades
contra esas formas de discriminación y observar su aplicación;
117.
Reconocemos también que la promoción de un mayor
respeto y confianza entre los diferentes grupos de la sociedad debe
ser una responsabilidad compartida pero diferenciada de las
instituciones gubernamentales, los dirigentes políticos, las
organizaciones de base y los ciudadanos. Subrayamos que la sociedad
civil desempeña un papel importante en la promoción de
los intereses públicos, especialmente en la lucha contra el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia;
118.
Acogemos complacidos la función catalítica que
desempeñan las organizaciones no gubernamentales promoviendo
la enseñanza de los derechos humanos y sensibilizando al
público acerca del racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Esas instituciones
también pueden desempeñar una función importante
en la tarea de señalar esas cuestiones a la atención de
los órganos pertinentes de las Naciones Unidas, sobre la base
de sus experiencias nacionales, regionales o internacionales.
Teniendo presentes las dificultades a que hacen frente, nos
comprometemos a establecer un clima propicio al funcionamiento eficaz
de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, en
particular las organizaciones no gubernamentales antirracistas, en la
lucha contra el racismo, la discriminación racial, la
xenofobia y las formas conexas de intolerancia. Reconocemos la
precaria situación de las organizaciones no gubernamentales de
derechos humanos, incluidas las que luchan contra el racismo, en
muchas partes del mundo y expresamos nuestro compromiso de cumplir
nuestras obligaciones internacionales y de eliminar todo obstáculo
ilícito que entorpezca su funcionamiento eficaz;
119.
Alentamos la plena participación de las organizaciones no
gubernamentales en el seguimiento de la Conferencia Mundial;
120.
Reconocemos que el intercambio y el diálogo internacional y
nacional y el desarrollo de una red mundial entre los jóvenes
son elementos importantes y fundamentales en la formación de
la comprensión intercultural y el respeto y contribuirán
a la eliminación del racismo, la discriminación racial,
la xenofobia y las formas conexas de intolerancia;
121.
Destacamos la utilidad de hacer participar a los jóvenes en el
desarrollo de estrategias y políticas nacionales, regionales e
internacionales orientadas hacia el futuro para luchar contra el
racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas
conexas de intolerancia;
122.
Afirmamos que nuestro esfuerzo mundial por lograr la eliminación
total del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y
las formas conexas de intolerancia, así como las
recomendaciones contenidas en el Programa de Acción, se hacen
en un espíritu de solidaridad y cooperación
internacional y se inspiran en los propósitos y principios de
la Carta de las Naciones Unidas y otros instrumentos internacionales
pertinentes. Esas recomendaciones se formulan teniendo debidamente en
cuenta el pasado, el presente y el futuro, y con un enfoque
constructivo y orientado al futuro. Reconocemos que la formulación
y aplicación de esas estrategias, políticas, programas
y medidas, que deberían ponerse en práctica con rapidez
y eficiencia, son responsabilidad de todos los Estados, con la plena
participación de la sociedad civil a nivel nacional, regional
e internacional.
Notas: